Festejar a mamá. Reconocer el duelo por el cambio de rol.

En estos días cercanos al 10 de mayo, solemos hablar del amor incondicional, la entrega y todo lo que una madre hace por quienes ama.

Pero hay algo importante que también merece ser visto: muchas veces, en medio de cuidar a todos, una mujer comienza a dejarse a sí misma en segundo plano.

Y esto no sucede de un día para otro.

Sucede poco a poco.

En los horarios que ya no le pertenecen.

En los descansos que se posponen.

En las necesidades propias que empiezan a esperar.

Desde la tanatología y la psicología del duelo, entendemos que algunos procesos de vida implican despedidas silenciosas.

No siempre se pierde una persona.

A veces se pierde tiempo personal, libertad, espontaneidad, espacios de descanso o incluso partes importantes de la propia identidad.

Por eso, muchas mujeres llegan a preguntarse en silencio: “¿En qué momento dejé de escucharme?” o “¿Quién soy además de todo lo que hago por los demás?”

Reconocer esto no minimiza el amor hacia los hijos.

Tampoco significa ingratitud.

Significa entender que acompañar, cuidar y sostener también requiere volver la mirada hacia una misma.

Porque una madre también necesita espacios donde pueda existir más allá de las responsabilidades.

Espacios donde pueda descansar, reconectarse y recordar que su bienestar también importa.

Nombrar estas emociones no es egoísmo.

Es conciencia emocional.

Y muchas veces, ese reconocimiento es el primer paso para volver a encontrarse consigo misma.

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