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Los infieles ¿nacen o se hacen?

Según una afirmación hecha por los biólogos G. Williams y R. Trivers:

El principio máximo es que el hombre (no la mujer), ocasionalmente es infiel para  equilibrar la dispersión genética.

 

Esta afirmación se contrapone a la idea de que los seres humanos pueden ser monógamos por naturaleza. Según esto, los seres humanos, no "las humanas", son por naturaleza polígamos.  La razón es simple: un macho puede preñar a muchas hembras durante un año, por ejemplo, y una hembra sólo puede tener un hijo cada nueve meses.  Por esta sencilla razón, según esta cita y según mucha gente, la poligamia es un privilegio masculino necesario.

 

Si se considera esta  postura puramente biológica extrapolada de un estudio de ácido desoxirribonucleico (ADN) con palomas, como válida para los seres humanos, diríamos que nacen más hombres infieles que fieles. La infidelidad desde tal postura sería una cualidad intrínseca a la evolución genética y a la capacidad de reproducción. Según esto los casos infrecuentes de varones que deciden ser fieles van contra natura.  Sin embargo, por muy apoyado que se encuentre este estudio en el ADN de las palomas o en la conducta de los chimpancés, los seres humanos tenemos otros elementos además de los biológicos que determinan la conducta, tal como sería la dimensión espiritual donde estarían por ejemplo los valores.

No hablamos de espiritualidad con un referente religioso, sino como una habilidad superior de los seres humanos donde estarían ubicadas la libertad, la responsabilidad y la voluntad.

 

Fuente: María de los Ángeles Baizán, Infidelidad, Trillas, Pág. 235,236.

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